La capital que nunca cierra: arte de primer nivel, gastronomía sin descanso y una energía que se contagia desde la primera copa de vermú.
Madrid no se visita: se vive. Es la única capital europea donde se puede desayunar en un mercado centenario, comer en un restaurante con siglos de historia, ver un Velázquez original antes de comer y cenar de tapas en la calle a medianoche — sin que nadie se sorprenda.
A 650 metros de altitud, Madrid es la capital más alta de Europa Occidental, y su cielo despejado casi todo el año le ha valido el sobrenombre de "villa y corte" bajo una luz que ya enamoró a pintores como Velázquez y Goya. Pero lo que de verdad distingue a Madrid no son solo sus museos de talla mundial — es su ritmo. Aquí la vida ocurre en la calle, en las terrazas, en los mercados y en las plazas, a cualquier hora del día o de la noche.
Es una ciudad hecha para el visitante exigente: monumental sin ser abrumadora, cosmopolita sin perder su carácter castizo, y con una escena gastronómica que va del bocadillo de calamares más humilde a mesas con estrella Michelin, a menudo en la misma manzana.
Madrid nació como una pequeña fortaleza musulmana llamada Mayrit, fundada en el siglo IX por el emir cordobés Mohamed I para vigilar el acceso a Toledo. Durante siglos fue una plaza fronteriza menor, hasta que en 1561 el rey Felipe II decidió trasladar la corte itinerante de forma permanente a esta villa castellana — no por su tamaño ni su riqueza, sino por su posición geográfica, casi exactamente en el centro de la península.
Esa decisión, aparentemente pragmática, cambió el destino de la ciudad para siempre. En apenas unas décadas, Madrid pasó de villa modesta a capital de un imperio en el que, según la célebre frase, no se ponía el sol. Bajo los Austrias y después los Borbones, la ciudad se llenó de palacios, conventos y plazas monumentales como la Plaza Mayor, mientras artistas como Velázquez, y más tarde Goya, retrataban a la corte y sentaban las bases de lo que hoy es el Museo del Prado.
El siglo XX trajo la Gran Vía, la Guerra Civil, y finalmente la explosión cultural de la Movida Madrileña en los años 80, cuando la ciudad se reinventó como epicentro de libertad creativa tras décadas de dictadura. Hoy, esa misma energía transgresora sigue viva en sus calles.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

Una de las mejores pinacotecas del mundo, con la colección más completa de Velázquez, Goya y El Bosco que existe. Sus salas reúnen ocho siglos de pintura europea — desde los primitivos flamencos hasta Rubens y Tiziano — organizados de forma que el visitante recorre, casi sin darse cuenta, la historia del arte occidental. Varias horas no bastan para agotarlo, pero un recorrido guiado por lo esencial —Las Meninas, El jardín de las delicias, los "negros" de Goya— lo convierte en una experiencia intensa y memorable en apenas noventa minutos.

Con más de 3.000 habitaciones, es el palacio real más grande de Europa Occidental en uso. Su interior guarda algunos de los conjuntos decorativos más espectaculares de España: el Salón del Trono con techos pintados por Tiepolo, la colección de relojes más importante del mundo y una armería real que reúne piezas de la época de los Reyes Católicos. Aunque los reyes ya no residen aquí, sigue siendo el escenario de las ceremonias de Estado más importantes del país, y el cambio de guardia solemne, los miércoles y sábados, es un espectáculo por sí mismo.

125 hectáreas de jardines, un estanque para pasear en barca y el sorprendente Palacio de Cristal, construido en 1887 íntegramente en hierro y vidrio para albergar una exposición de plantas tropicales. Fue jardín privado de los reyes hasta 1868, cuando se abrió al público — hoy es el pulmón verde favorito de todos los madrileños, con rincones tan distintos como la Rosaleda, el Ángel Caído (una de las pocas estatuas del mundo dedicadas al diablo) o los músicos callejeros que animan sus paseos cada fin de semana.

Un mercado de hierro y cristal de 1916 reconvertido en templo gastronómico: tapas, vermú, jamón ibérico y marisco fresco bajo un mismo techo, en pleno corazón del Madrid de los Austrias. Cada puesto está especializado en un solo producto —boquerones en vinagre, croquetas, ostras, quesos españoles— lo que permite ir probando pequeñas raciones de varios sitios distintos sin sentarse nunca a comer. Es también un lugar de encuentro social: al caer la tarde se llena de gente de pie, copa en mano, en uno de los ambientes más animados de la ciudad.

La "Quinta Avenida" madrileña: teatros centenarios, arquitectura de principios del siglo XX y el pulso comercial de la ciudad, iluminado hasta la madrugada. Construida a partir de 1910 para modernizar el centro histórico, hoy concentra la mayor oferta de musicales de España —con permanencias de más de una década para algunos títulos— además de cines históricos, grandes almacenes y algunos de los edificios más fotografiados de la capital, como el Edificio Metrópolis o el Telefónica, el primer rascacielos de España.

Un templo egipcio auténtico del siglo II a.C., regalado a España en 1968 por el gobierno egipcio en agradecimiento por la ayuda técnica española en el salvamento de los monumentos de Nubia, amenazados por la construcción de la presa de Asuán. Piedra a piedra, fue desmontado, trasladado y reconstruido en Madrid, convirtiéndose en uno de los pocos templos egipcios completos que pueden visitarse fuera de Egipto. Ver la puesta de sol desde aquí, con el templo reflejado en el estanque y la ciudad de fondo, es uno de los planes favoritos de cualquier madrileño.
Madrid es la capital más alta de Europa Occidental, a 650 metros sobre el nivel del mar — de ahí su cielo tan despejado y su luz tan característica.
El símbolo de la ciudad, el oso y el madroño, tiene más de 800 años y hoy preside la Puerta del Sol, punto de encuentro por excelencia de los madrileños.
En la Puerta del Sol se encuentra el "Kilómetro 0": el punto exacto desde el que se miden todas las carreteras radiales de España.
Madrid tiene más bares y restaurantes por habitante que ninguna otra capital europea — la vida social en la calle es, literalmente, parte de su ADN.
El Museo del Prado reúne la mayor colección de obras de Francisco de Goya que existe en el mundo, incluidas sus célebres "pinturas negras".
Chocolate con churros a las cinco de la mañana, después de una noche de fiesta, es casi un rito de iniciación para cualquier visitante.
Guía privado, hoteles seleccionados y acceso sin colas a cada uno de estos lugares.
Madrid es la puerta de entrada perfecta a cualquiera de nuestros circuitos por España y Portugal.