La ciudad universitaria por excelencia, donde el saber lleva ochocientos años iluminando la piedra dorada de sus fachadas.
Salamanca es una ciudad que estudia, celebra y se ilumina de dorado cada tarde — y que lleva haciéndolo, sin interrupción, desde el siglo XIII.
Pocas ciudades españolas transmiten una atmósfera tan singular como Salamanca: el bullicio joven de una de las universidades más antiguas de Europa conviviendo con un patrimonio monumental de primer nivel, todo ello envuelto en el color cálido de la piedra de Villamayor, que cambia de tono con la luz del día hasta convertir la ciudad entera en un espectáculo al atardecer.
Su Plaza Mayor, considerada una de las más bellas de España, es el corazón social de la ciudad, y su universidad —con la mítica rana escondida en la fachada plateresca— convierte cualquier paseo en una búsqueda de detalles y leyendas. Salamanca es compacta, caminable y llena de vida estudiantil, ideal para una escapada que combina arte, historia y ambiente.
De origen prerromano y romano —cuando se conocía como Salmantica—, la ciudad se situaba en la histórica Vía de la Plata, la gran ruta que unía el norte y el sur de la península. Pero el hito que definió su destino llegó en 1218, cuando Alfonso IX de León fundó la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas del mundo y la más antigua del ámbito de habla hispana.
Entre los siglos XV y XVII, Salamanca vivió su siglo de oro universitario, con figuras de la talla de Fray Luis de León, y se cuenta que Cristóbal Colón defendió aquí su proyecto de viaje hacia las Indias ante un tribunal de sabios. Esa efervescencia intelectual dejó una huella arquitectónica y cultural que sigue definiendo a la ciudad hoy.
La actual Plaza Mayor se construyó en el siglo XVIII, tras el terremoto de Lisboa de 1755, y se convirtió de inmediato en el centro neurálgico de la vida social salmantina, un papel que conserva intacto hasta el día de hoy.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

Considerada una de las plazas más bellas de España, fue construida en el siglo XVIII por Alberto de Churriguera como escenario de corridas de toros y actos públicos, y hoy sigue siendo el punto de encuentro por excelencia de la ciudad. Sus arcadas albergan cafés centenarios y en sus medallones de piedra se retratan reyes, conquistadores y personajes ilustres de la historia de España. Especialmente animada al caer la tarde, cuando la piedra dorada se ilumina y la plaza se llena de estudiantes, es uno de los espacios urbanos más armoniosos de toda Europa.

Fundada en 1218, es la universidad más antigua de España en funcionamiento y una de las más antiguas del mundo, cuna de figuras como Fray Luis de León o Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana. Su fachada plateresca, un tapiz de piedra tallado con una minuciosidad casi orfebre, es una obra de arte en sí misma, y esconde la famosa rana de la suerte entre sus relieves — encontrarla sin ayuda es casi un rito de paso para estudiantes y visitantes, y la tradición asegura buena suerte en los exámenes a quien lo consigue.

Dos catedrales unidas en un mismo conjunto: la Catedral Vieja, románica del siglo XII, con su característica Torre del Gallo, y la Catedral Nueva, un imponente edificio gótico-renacentista construido entre los siglos XVI y XVIII cuando la primera resultó demasiado pequeña para la creciente ciudad universitaria. Ambas permiten recorrer varios siglos de arquitectura religiosa española en una sola visita, y sus fachadas esconden detalles curiosos, como un astronauta y un dragón comiendo un helado tallados por restauradores del siglo XX.

Un puente de origen romano del siglo I, con 26 arcos —aunque solo 15 conservan su fábrica original—, que durante casi dos mil años ha sido la principal vía de entrada a la ciudad desde el sur. Custodiado en su acceso por una escultura ibérica conocida como "el verraco", ofrece una de las mejores vistas panorámicas del perfil dorado de la ciudad, con la Catedral Nueva elevándose sobre el caserío y el río Tormes reflejando la piedra de Villamayor al atardecer.

Un edificio gótico-plateresco del siglo XV cubierto por más de 300 conchas talladas en piedra, mandado construir por un caballero de la Orden de Santiago —cuyo símbolo es precisamente la concha— como muestra de su rango. Su fachada, entre gótico isabelino y los primeros rasgos del plateresco, combina ventanales flamígeros con rejería mudéjar de una filigrana excepcional. Hoy alberga una biblioteca pública, y es uno de los símbolos más fotografiados de Salamanca junto a la Universidad.

Salamanca respira juventud gracias a su universidad, que desde hace ocho siglos atrae a estudiantes de toda España y del mundo, convirtiendo a la ciudad en una de las más animadas de Castilla y León pese a su tamaño relativamente modesto. Sus calles alrededor de la Plaza Mayor y el barrio del Oeste concentran una animada vida de bares, tapas y tertulias que se prolonga hasta bien entrada la noche, con un ambiente universitario que contrasta —y convive en perfecta armonía— con el peso monumental de la ciudad.
La Universidad de Salamanca, fundada en 1218, es la tercera universidad más antigua de Europa que sigue en funcionamiento.
En su fachada plateresca hay una diminuta rana tallada sobre una calavera — encontrarla sin ayuda trae buena suerte en los exámenes, según la tradición estudiantil.
Se dice que Cristóbal Colón defendió aquí su proyecto de viaje hacia las Indias ante un tribunal de sabios.
El color dorado tan característico de sus edificios se debe a la piedra de Villamayor, que cambia de tono según la luz del día.
La Plaza Mayor de Salamanca sigue siendo hoy el centro social y de encuentro de toda la ciudad.
Salamanca es sede de uno de los mayores programas de español para extranjeros de Europa, lo que le da un ambiente internacional muy particular durante todo el año.
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