La ciudad que vio nacer a Picasso, con casi tres mil años de historia y un puñado de las mejores playas urbanas de España.
Málaga es la rara ciudad capaz de ofrecer, en el mismo paseo, una fortaleza milenaria, un museo de talla mundial y una playa donde darse un baño antes de comer.
Fundada hace casi tres mil años, Málaga es una de las ciudades europeas continuamente habitadas más antiguas del continente, y ese peso histórico se nota en cada esquina de su casco antiguo: la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro vigilan la ciudad desde lo alto, el Teatro Romano recuerda su pasado bajo Roma, y la Catedral —conocida cariñosamente como "La Manquita"— domina el skyline junto al mar. Pero Málaga no vive solo del pasado: es también la ciudad natal de Pablo Picasso, y desde la apertura del Museo Picasso en 2003 ha vivido un auténtico renacimiento cultural que la ha convertido en uno de los destinos más interesantes del sur de España.
A eso hay que sumarle su clima privilegiado, con más de 300 días de sol al año, sus playas urbanas a un paso del centro histórico y una escena gastronómica que combina el pescaíto frito de toda la vida con una nueva generación de cocina andaluza. Málaga es, sencillamente, la puerta perfecta a la Costa del Sol.
Málaga fue fundada por los fenicios hacia el año 770 a.C. con el nombre de Malaka, lo que la convierte en una de las ciudades europeas continuamente habitadas más antiguas del continente. Prosperó también en época romana, cuando se construyó su Teatro Romano, hoy visible a los pies de la Alcazaba, y más tarde floreció como Malaqah, uno de los puertos principales del Reino Nazarí de Granada.
Aquella etapa musulmana dejó a la ciudad su joya defensiva: la Alcazaba, conectada por una muralla al Castillo de Gibralfaro, formando el mayor complejo militar nazarí de Andalucía después de la Alhambra. La conquista cristiana llegó en 1487, de la mano de los Reyes Católicos, e integró definitivamente a Málaga en la corona de Castilla.
Siglos más tarde, en 1881, la ciudad vio nacer a Pablo Picasso, uno de los artistas más influyentes de la historia. Aunque el pintor abandonó Málaga siendo niño, su legado terminó por regresar: la apertura del Museo Picasso Málaga en 2003 marcó el inicio de un renacimiento cultural que, unido al gran desarrollo turístico de la Costa del Sol, ha convertido a la ciudad en uno de los destinos más vibrantes del sur de España.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

Unidos por una antigua muralla doble que permitía el paso protegido entre ambas fortalezas, forman el mayor complejo defensivo nazarí de Andalucía después de la Alhambra, construido a partir del siglo XI sobre restos fenicios y romanos anteriores. La Alcazaba, con sus patios ajardinados y fuentes de inspiración morisca, y el Castillo de Gibralfaro, en lo más alto del monte homónimo, ofrecen jardines y vistas sobre el puerto y la ciudad que justifican por sí solos la subida, especialmente al atardecer.

Instalado en el Palacio de Buenavista, en pleno corazón del casco histórico donde Picasso nació en 1881, el museo reúne piezas donadas por la propia familia del artista —su nuera Christine Ruiz-Picasso y su nieto Bernard— con la voluntad expresa de que la ciudad natal del genio malagueño tuviera una colección permanente de su obra. El recorrido, con más de 280 piezas, permite seguir su evolución desde los primeros años académicos hasta su etapa más rompedora y experimental, incluyendo cerámicas, esculturas y pinturas de casi todos sus periodos creativos.

A los pies mismos de la Alcazaba, este teatro del siglo I a.C. permaneció oculto bajo tierra durante siglos hasta que fue descubierto por casualidad en 1951, durante unas obras de jardinería. Con capacidad para unos 2.000 espectadores, recuerda que Málaga, fundada originalmente por los fenicios como Malaka, ya era una ciudad relevante bajo el Imperio Romano, siglos antes de su esplendor nazarí — un testimonio directo de las múltiples civilizaciones que han dejado huella en la ciudad.

Conocida popularmente como "La Manquita" por su torre inacabada —los fondos destinados a completarla se destinaron, según la tradición, a financiar la Guerra de Independencia de Estados Unidos—, domina el perfil de la ciudad desde su construcción, iniciada en 1528 sobre una antigua mezquita mayor. Es una de las grandes obras del Renacimiento andaluz, con un interior que combina elementos góticos, renacentistas y barrocos, y una sillería de coro tallada en caoba considerada una obra maestra de la escultura religiosa española.

La playa urbana por excelencia, a diez minutos a pie del centro histórico: arena, chiringuitos y espeto de sardinas —ensartadas en una caña y asadas sobre brasas de leña, tal y como se preparan en Málaga desde el siglo XIX— con el mar Mediterráneo como telón de fondo. Es el lugar perfecto para combinar en un mismo día la visita a los museos y monumentos del centro histórico con una tarde relajada de playa, algo que pocas ciudades europeas de este tamaño pueden ofrecer con tanta naturalidad.

Un mercado de hierro y cristal del siglo XIX, construido sobre los restos de los astilleros nazaríes que le dan nombre (atarazanas significa precisamente "astillero" en árabe), con una espectacular vidriera central que representa la bahía de Málaga. Sus puestos ofrecen el mejor pescado fresco de la lonja malagueña, además de fruta, especias y encurtidos, en el ambiente más auténtico y bullicioso de la ciudad — ideal para desayunar o tapear a media mañana rodeado de vecinos haciendo la compra diaria.
Málaga es una de las ciudades de Europa continuamente habitadas más antiguas, con casi 3.000 años de historia desde su fundación fenicia.
Pablo Picasso nació en Málaga en 1881, y la ciudad alberga hoy uno de los museos más completos dedicados a su obra.
La Catedral de Málaga es conocida como "La Manquita" porque su segunda torre quedó sin terminar, según cuenta la tradición por falta de fondos.
La Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro estaban conectados por una muralla, formando el mayor complejo defensivo nazarí de Andalucía después de la Alhambra.
Málaga es la capital no oficial de la Costa del Sol, con más de 300 días de sol al año.
El espeto de sardinas, asado sobre brasas de leña en pequeñas barcas varadas en la arena, es una de las señas de identidad gastronómicas más queridas de la ciudad.
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Málaga es la puerta de entrada perfecta a nuestro Gran Tour Ibérico por España y Portugal.