La ciudad que da nombre a Portugal y al vino más famoso del mundo, con un casco histórico que parece detenido en el tiempo.
Oporto es la ciudad que le dio su nombre a todo un país, y que sigue viviendo, siglos después, del mismo río y del mismo vino que la hicieron famosa en el mundo entero.
Asomada al Duero desde sus casas de fachadas de azulejos apiladas como en un anfiteatro, Oporto tiene un encanto que no se parece al de ninguna otra ciudad portuguesa. Su centro histórico, la Ribeira, es Patrimonio de la Humanidad desde 1996, y pasear por sus callejuelas empedradas, cruzar el imponente puente Dom Luís I y cruzar en barco hasta las bodegas centenarias de Vila Nova de Gaia son experiencias que definen la ciudad tanto como su casco antiguo.
Porque Oporto es, ante todo, la cuna del vino que lleva su nombre: desde el siglo XVIII, sus bodegas han custodiado la tradición de un producto que se exporta a todo el mundo. A eso se suma una arquitectura elegante y algo melancólica, una gastronomía contundente y hospitalaria, y un carácter genuino, menos turístico que el de Lisboa, que conquista a quien se deja llevar por sus cuestas.
Oporto fue fundada en época romana como Portus Cale, un asentamiento en la desembocadura del río Duero cuyo nombre acabaría dando origen, con el tiempo, al del propio país: Portugal. Durante la Edad Media, la ciudad creció como puerto comercial y astillero estratégico, aprovechando su posición privilegiada frente al Atlántico.
El gran salto llegó con el comercio del vino. El Tratado de Methuen, firmado en 1703 con Inglaterra, impulsó de forma decisiva las exportaciones del vino de Oporto hacia el mercado británico, sentando las bases de una industria que definiría la identidad de la ciudad. En 1756, el Alto Duero se convirtió en la primera región vinícola del mundo oficialmente delimitada y regulada, un hito pionero en la historia del vino.
Ese legado sigue vivo hoy en las bodegas centenarias de Vila Nova de Gaia, al otro lado del río, y en el propio casco histórico de la Ribeira, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996 en reconocimiento a su valor arquitectónico y urbanístico único.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

El barrio histórico junto al Duero, con sus fachadas de colores apiladas frente al río en un trazado medieval de callejuelas estrechas y escalinatas imposibles, es Patrimonio de la Humanidad y el corazón indiscutible de la ciudad. Sus terrazas junto al agua, con vistas directas al Puente Dom Luís I y a las bodegas de Vila Nova de Gaia al otro lado, son el lugar perfecto para comer marisco fresco o simplemente ver caer la tarde sobre uno de los paisajes urbanos más fotogénicos de Portugal.

Diseñado por Théophile Seyrig, discípulo y antiguo socio de Gustave Eiffel, este puente de hierro forjado de 1886 une las dos orillas del Duero con dos tableros superpuestos: uno inferior para tráfico rodado y otro superior, hoy recorrido por el metro y peatones, que regala una de las mejores vistas de la ciudad. Cruzarlo a pie por el tablero superior, a 45 metros sobre el río, con la Ribeira de un lado y las bodegas de Gaia del otro, es una de las experiencias más memorables de cualquier visita a Oporto.

Al otro lado del río, las bodegas históricas donde tradicionalmente maduraba el vino de Oporto —traído en barcos rabelo desde el valle del Duero, río arriba— ofrecen visitas y catas imprescindibles para entender esta industria centenaria. Marcas como Sandeman, Graham's o Taylor's abren sus bodegas centenarias al público, explicando el proceso de fortificación y envejecimiento que hace del vino de Oporto uno de los productos más singulares y reconocidos de Portugal en todo el mundo.

Con su icónica escalera roja en espiral, tallada en madera con un efecto ondulante casi hipnótico, está considerada una de las librerías más bellas del mundo desde su apertura en 1906. Su techo de escayola neogótica y sus vidrieras de colores han inspirado a generaciones de escritores —se dice que J.K. Rowling, residente en Oporto durante los años 90, se inspiró aquí para algunos escenarios de Harry Potter— convirtiéndola en parada obligada para cualquier amante de los libros y la arquitectura.

Uno de los símbolos de la ciudad, esta torre barroca de granito construida en el siglo XVIII alcanza los 76 metros de altura, convirtiéndola durante mucho tiempo en el edificio más alto de Portugal. Subir sus 240 escalones en espiral hasta el mirador tiene su recompensa: unas vistas incomparables sobre el casco histórico, los tejados de tejas rojas y el río Duero serpenteando hacia el Atlántico, una de las panorámicas más completas de toda la ciudad.

Un recorrido por el Duero a bordo de las embarcaciones tradicionales rabelo, de fondo plano y vela cuadrada, que durante siglos transportaban el vino desde las empinadas viñas del interior del valle hasta las bodegas de la ciudad, antes de que la construcción de presas hiciera el trayecto más seguro por carretera. Hoy convertidas en paseos turísticos, permiten cruzar bajo los seis puentes de Oporto y admirar desde el agua la Ribeira y Vila Nova de Gaia tal y como las vieron generaciones de bodegueros.
La región del Alto Duero fue la primera región vinícola del mundo en ser oficialmente delimitada y regulada, en 1756.
El Puente Dom Luís I fue diseñado por un discípulo de Gustave Eiffel y tiene dos tableros superpuestos, uno para peatones y metro y otro para tráfico rodado.
La Librería Lello, con su escalera roja en espiral, está considerada una de las librerías más bellas del mundo, y se dice que inspiró parte del imaginario de Harry Potter, en parte escrito por J.K. Rowling durante su estancia en Oporto.
El nombre "Portugal" deriva directamente del nombre romano de la ciudad, Portus Cale.
Las bodegas históricas de vino de Oporto se sitúan al otro lado del río, en Vila Nova de Gaia, donde tradicionalmente maduraba el vino tras bajar por el Duero en barcos rabelo.
La Estación de São Bento sorprende a quien llega en tren con más de 20.000 azulejos que narran escenas de la historia de Portugal en su vestíbulo principal.
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