Donde el Shanghái colonial de los años 20 convive, calle de por medio, con los rascacielos más vanguardistas de Asia.
Shanghái es la ciudad donde el pasado colonial y el futuro más vertiginoso comparten la misma orilla del río, separados por apenas unos metros de agua y un siglo de historia.
A un lado del río Huangpu, el Bund despliega más de veinte estilos arquitectónicos distintos, testimonio de la época en que Shanghái era conocida como "El París de Oriente". Al otro lado, el distrito de Pudong levanta algunos de los rascacielos más altos y audaces del planeta, con la Shanghai Tower dominando un perfil urbano que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Esa dualidad es precisamente lo que hace de Shanghái un destino irresistible: jardines clásicos de la dinastía Ming a pocos pasos de centros comerciales de lujo, xiaolongbao humeantes servidos en puestos callejeros y en restaurantes con estrella Michelin, y un pulso urbano imparable que convierte a la ciudad en la puerta perfecta hacia la China más contemporánea.
Shanghái nació como un pequeño pueblo pesquero y textil que fue creciendo gracias a su posición estratégica como puerto. Su verdadero salto a la modernidad llegó en 1842, cuando el Tratado de Nankín, que puso fin a la Primera Guerra del Opio, obligó a China a abrir la ciudad al comercio exterior.
A partir de entonces, potencias extranjeras establecieron concesiones a lo largo del río Huangpu — el International Settlement y la Concesión Francesa — y durante los años veinte y treinta la ciudad vivió su apogeo como epicentro cosmopolita de Asia, ganándose el sobrenombre de "El País de Oriente". La fundación de la República Popular China en 1949 puso fin a esa era de concesiones extranjeras.
El renacer moderno de Shanghái llegó a partir de 1990, cuando el distrito de Pudong fue declarado nueva zona de desarrollo económico. En apenas unas décadas, ese terreno en gran parte agrícola se transformó en uno de los skylines más impresionantes del mundo, coronado en 2015 por la Shanghai Tower, el segundo edificio más alto del planeta.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

El paseo histórico junto al río Huangpu reúne más de veinte estilos arquitectónicos distintos, del art déco al neoclásico, herencia de las décadas en que Shanghái fue puerto internacional bajo concesiones extranjeras. Sus edificios de piedra, antiguos bancos y consulados europeos, contrastan de forma espectacular con los rascacielos futuristas de Pudong al otro lado del río, ofreciendo la vista más icónica de todo Shanghái, especialmente al anochecer, cuando ambas orillas se iluminan simultáneamente.

Con un mirador a más de 546 metros de altura, es el segundo edificio más alto del mundo y una proeza de ingeniería que se percibe con solo mirar su silueta, girada 120 grados sobre su propio eje para reducir la resistencia al viento en una zona propensa a tifones. Su ascensor, uno de los más rápidos del planeta, alcanza el mirador en menos de un minuto, ofreciendo desde allí una panorámica de todo el delta del río Yangtsé que resume, de un solo vistazo, la escala descomunal de la Shanghái contemporánea.

Un jardín clásico de la dinastía Ming, construido en el siglo XVI por un alto funcionario para complacer a su padre en sus años de retiro, en pleno centro de la ciudad. Sus pabellones, estanques con peces koi y rocallas de piedra caliza esculpidas por la erosión natural ofrecen un remanso de calma frente al bullicio circundante, y su diseño, que juega con perspectivas y recorridos sinuosos para hacer parecer el espacio mucho más grande de lo que realmente es, ejemplifica a la perfección el arte paisajístico chino clásico.

Conocida como "la Venecia de Shanghái", esta encantadora ciudad de canales, con más de 1.700 años de historia y 36 puentes de piedra que cruzan sus vías de agua, ha conservado un ambiente de pueblo tradicional a apenas una hora del centro de la metrópoli. Pasear junto a sus canales, cruzar el Puente Fangsheng del siglo XVI o navegar en una de sus barcas de madera es la excursión de un día perfecta para escapar del ritmo frenético de Shanghái sin alejarse demasiado.

La gran arteria comercial de la ciudad, con más de un siglo de historia como principal calle de compras de Shanghái, es hoy el mejor escaparate del Shanghái contemporáneo, con sus luces de neón, sus grandes almacenes centenarios y su incesante movimiento de compradores locales y turistas. Su tramo peatonal, que se extiende varios kilómetros hasta desembocar cerca del Bund, resume en un solo paseo la energía comercial que ha definido a la ciudad desde que se convirtió en puerto internacional en el siglo XIX.

Una de las colecciones más completas de arte y antigüedades chinas del país, alojada en un edificio cuya planta circular evoca un antiguo recipiente ritual de bronce, con forma redonda arriba y cuadrada abajo, símbolo tradicional del cielo y la tierra. Sus salas reúnen piezas de bronce, cerámica, jade, caligrafía y pintura que abarcan miles de años de historia china, con una de las mejores colecciones de porcelana antigua que pueden verse fuera de Pekín.
El Bund reúne edificios de más de veinte estilos arquitectónicos distintos, del art déco al neoclásico, en apenas un kilómetro y medio de paseo.
La fachada de la Shanghai Tower gira 120 grados a medida que asciende, una solución de ingeniería única en el mundo pensada para reducir la resistencia al viento.
Shanghái cuenta con el puerto de contenedores más activo del planeta, un motor silencioso del comercio mundial.
Los famosos xiaolongbao, esos dumplings rellenos de caldo que hoy se comen en todo el mundo, se inventaron en la región de Shanghái.
La ciudad cuenta con el sistema de metro más extenso del mundo por longitud total de vías.
Durante los años veinte y treinta, Shanghái fue conocida como "El País de Oriente" por su ambiente cosmopolita y su vida nocturna sin igual en toda Asia.
Guía privado, hoteles seleccionados y acceso sin colas a cada uno de estos lugares.
Shanghái es el broche perfecto para cualquiera de nuestros circuitos por China.