La capital de dinastías milenarias: corazón político y cultural de China durante más de 800 años, donde la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla siguen imponiendo su majestuosidad.
Pekín no es solo una capital: es la memoria viva de más de ochocientos años de historia imperial china, condensada en palacios, templos y murallas que todavía imponen respeto.
Pocas ciudades del mundo concentran tanta grandeza histórica en un mismo lugar. En Pekín se cruzan la Ciudad Prohibida, residencia de emperadores durante casi cinco siglos, con la Plaza de Tiananmén, epicentro de la China moderna, y a un paso de la ciudad, tramos de la Gran Muralla que serpentean entre montañas como pocas construcciones humanas lo han hecho jamás.
Pero Pekín es también una ciudad viva: hutongs centenarios donde el ritmo se ralentiza, una gastronomía que va del humilde puesto callejero al pato laqueado servido con ceremonia, y un contraste constante entre la solemnidad imperial y la energía de una metrópoli que ya ha albergado dos Juegos Olímpicos. Es, sin duda, la puerta de entrada perfecta a cualquier gran viaje por China.
La zona donde hoy se levanta Pekín está habitada desde al menos el año 1045 a.C., cuando era sede del antiguo estado de Ji. Pero su verdadero salto a la grandeza llegó siglos después, en 1267, cuando Kublai Khan, nieto de Gengis Kan, decidió fundar aquí Dadu, la capital de la dinastía Yuan, convirtiendo por primera vez a la ciudad en centro del poder de toda China.
La dinastía Ming llevó ese legado a otro nivel: entre 1406 y 1420 se construyó la Ciudad Prohibida, el complejo palaciego más grande del mundo, y en 1421 la capital se trasladó definitivamente aquí. Bajo los Ming y, después, bajo la dinastía Qing desde 1644, Pekín consolidó su papel como corazón político, religioso y cultural de China, un estatus que mantuvo casi ininterrumpidamente durante siglos.
El siglo XX trajo cambios radicales: en 1949, Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China desde la Plaza de Tiananmén, marcando el inicio de una nueva era. Y en 2008, Pekín se convirtió en la única ciudad del mundo en albergar unos Juegos Olímpicos de verano y, más tarde en 2022, también unos de invierno.
Una selección de lo que ningún itinerario de Viavora se salta.

El palacio imperial más grande del mundo, con casi 1.000 edificios y 9.000 estancias, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Construida entre 1406 y 1420 siguiendo estrictos principios de simetría y geomancia, fue residencia de 24 emperadores durante casi cinco siglos, un lugar tan reservado al poder imperial que los plebeyos tenían prohibido siquiera acercarse a sus muros. Recorrer sus patios, salones del trono y jardines privados es viajar directamente al corazón del poder imperial chino, tal y como funcionó durante generaciones.

Los tramos de Mutianyu o Badaling, a poco más de una hora de Pekín, ofrecen algunas de las vistas más espectaculares de esta obra descomunal, levantada y ampliada a lo largo de más de dos mil años por sucesivas dinastías para proteger el imperio de las invasiones del norte. Con más de 21.000 kilómetros contabilizados en total, la muralla serpentea entre montañas creando un paisaje que parece imposible de haber sido construido a mano. Una excursión imprescindible en cualquier viaje a China, y probablemente el monumento más reconocible del país en todo el mundo.

Una de las plazas públicas más grandes del mundo, con capacidad para un millón de personas, y escenario de algunos de los momentos más decisivos de la historia contemporánea china, desde la proclamación de la República Popular en 1949 hasta manifestaciones estudiantiles de distintas épocas. Rodeada por el Museo Nacional, el Gran Salón del Pueblo y el Mausoleo de Mao Zedong, y situada justo a las puertas de la Ciudad Prohibida, la plaza condensa en un mismo espacio la memoria imperial y la historia política más reciente del país.

Declarado Patrimonio de la Humanidad, este complejo religioso donde los emperadores oraban dos veces al año por buenas cosechas sorprende por su precisión geométrica y su serena belleza arquitectónica. Su edificio principal, el Salón de la Oración por la Buena Cosecha, es una estructura circular de madera construida sin un solo clavo, cuyo diseño representa simbólicamente la relación entre el cielo (redondo) y la tierra (cuadrada) según la cosmología china tradicional — uno de los conjuntos arquitectónicos más elegantes de todo Pekín.

Un vasto conjunto de lagos, pabellones y jardines imperiales, también Patrimonio de la Humanidad, que fue el refugio estival de la corte lejos del bullicio de la ciudad durante siglos. Dominado por el Lago Kunming, excavado artificialmente, y la Colina de la Longevidad, salpicada de templos y pabellones, es célebre también por el Barco de Mármol, una excéntrica embarcación decorativa construida en piedra, y por el Corredor Largo, con más de 14.000 pinturas que narran leyendas y escenas históricas chinas.

Los callejones tradicionales de Pekín, trazados en torno a los patios cuadrados siheyuan desde la época de la dinastía Yuan, son la forma más auténtica de conocer la vida cotidiana pekinesa lejos de los grandes monumentos. Mejor descubiertos en bicicleta o en un rickshaw tradicional, revelan un Pekín de vecinos jugando al mahjong en la calle, pequeños comercios familiares y una arquitectura popular que contrasta radicalmente con los rascacielos del centro moderno — un vistazo a la ciudad tal y como era antes de su transformación en metrópoli global.
Según la tradición, la Ciudad Prohibida tiene 9.999 habitaciones y media, evitando deliberadamente el número perfecto de 10.000, reservado únicamente al cielo.
El mito de que la Gran Muralla se ve desde el espacio a simple vista es falso, aunque su magnitud impresiona igualmente contemplada desde tierra.
Pekín es la única ciudad del mundo que ha albergado unos Juegos Olímpicos de verano, en 2008, y unos de invierno, en 2022.
La receta del pato laqueado de Pekín está documentada desde hace más de 600 años, y sigue preparándose siguiendo técnicas prácticamente idénticas.
Los hutongs, los callejones tradicionales de la ciudad, datan de la dinastía Yuan, hace más de 700 años.
El Templo del Cielo se construyó con una precisión geométrica y acústica asombrosa para la época, pensada para simbolizar la conexión entre el cielo y la tierra.
Guía privado, hoteles seleccionados y acceso sin colas a cada uno de estos lugares.
Pekín es la puerta de entrada perfecta a cualquiera de nuestros circuitos por China.